viernes, 6 de diciembre de 2013

La belleza de las fotografías macabras. Segunda parte






Seguimos con la segunda parte de “la belleza de las fotografías macabras”; otros cuatro artistas que quieren sorprendernos con imágenes de sus mundos más terrenales y sus anhelos más íntimos. Día a día, cuando navego por internet observo nuevas e interminables fotografías que no terminan de impactarme con su extraño atractivo.



Christopher McKenney, con su gran repertorio de fotografías surrealistas. Mundos paralelos, cosas inconexas, sábanas, máscaras y gritos mudos se combinan para crear imágenes peculiares donde la coherencia no existe. Lo que caracteriza su trabajo es la ausencia de alguno de los miembros del cuerpo de los personajes que retrata; esa carencia es la que otorga una narración particular a sus fotografías por parte del espectador.











Helen Warner, se decanta por la delicadeza de la figura femenina. Retratos de pálida tez que parecen caerse en pedazos; flores que abrazan y arropan los cuellos de las mujeres; bosques fríos; miradas abismales… Un estética que juega con los colores alternándolos a su antojo consiguiendo un gélido ambiente. Pieles blanquecinas que desprenden una quebradiza ternura. Unos fondos oscuros en los que los personajes eclipsan todo el encuadre.











Chris Scarborough conjuga su faceta ilustradora para concebir sus fotografías. Los hombres y mujeres que retrata, más que personas normales parecen muñecos de porcelana debido a los grandes ojos que poseen. Obviamente, nuestro fotógrafo los altera para conseguir llamar la atención del público logrando crear una sensación de rareza y despego. Lo que podrían ser unos retratos de toda la vida, se convierten en retratos bizarros que penetran con esa mirada macabra. Para acentuar más el efecto, los rostros aparecen reflejados con una fuerte iluminación que intensifica los ojos de los personajes. En estas fotografías observamos una serie de híbridos que producen escalofríos a cualquiera.











Federico Beber, unos blancos y negros muy marcados son los encargados de enmarcar los alaridos solitarios de los individuos que encabezan las imágenes de nuestro fotógrafo. En ocasiones, acentúa los tonos rojizos aplicando ese toque sutil sangriento. Como si de ilustraciones se tratasen, altera las imágenes retocándolas hasta el extremo. De hecho, me recuerdan en cierta manera a los dibujos de la famosa Victoria Francés; fotografías tétricas, oscuras y desgarradoras.













Por Jennifer Custodio.




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